Wednesday, August 09, 2006

METRO - CIUDAD

Miro desde la ventana este recorrido sur a norte con escenas que cambian rápidamente: el corredor industrial paralelo a una de las arterias viales más transitadas, el congestionado centro de la ciudad en plena hora pico que desemboca en la zona del Hospital Universitario, La U. de A. y el Planetario, la estrecha ruta hacia el norte y las casas ubicadas a un lado de los rieles que nos dan la bienvenida y, finalmente, la Autopista Norte y el Río Medellín abriéndonos paso. El Metro no sólo ha unido varios puntos de la ciudad, sino que, durante el recorrido, permite que se establezca un tipo de comunicación intercultural entre los viajeros por la llamada Cultura Metro. Adicionalmente, al haber extendido los beneficios del transporte masivo al sector noroccidental, rompe con el esquema tradicional que hasta poco era un privilegio de la cultura hegemónica.

Es la hora del retorno después de una jornada de trabajo y decenas de manos se aferran a las barras del vagón. Los hombres y mujeres con rostros fatigados que subieron al metro en las estaciones del sur conversan en sus pequeños grupos. Nuestro grupo es el más numeroso y, no se si por eso o por algún otro motivo, me siento observada. En aquel vagón, compartíamos los mismos valores Metro y, a pesar de que estamos muy cerca el uno del otro, seguimos comportándonos como individuos de mundos diferentes.

Llegamos a la Estación Acevedo y al descender del vagón nos informan que debemos hacer fila para ingresar al Metro Cable. Todos respetan su lugar en la línea, pero al llegar el siguiente tren hay un desconcertante alboroto cuando los que llegan salen en estampida para coger su lugar en la fila. Me sobresalto y me pregunto si los del sur hubiésemos hecho lo mismo. En pocos minutos, 6 estudiantes y 3 habitantes de la zona ingresamos al pequeño carro. Estos hombres, que muy probablemente hacen parte de los miles que han migrado de diferentes pueblos a las periferias de la ciudad, amablemente nos explican que el Metro Cable ha valorizado la zona y que, por tal motivo, lo han acogido muy bien. Creo que no compartimos el mismo imaginario, por lo menos yo. Era mi primer viaje en el Metro Cable y me preguntaba cómo pueden convivir con esta mole de cemento y hierro prácticamente en la sala de su casa, pero por lo que les escucho, se sienten reconocidos.

Aunque seguimos en la cultura Metro, siento que lo que realmente conozco de este mundo es a través de los medios. Los del sur y los del norte somos más una suma lineal de comunicaciones en la que se presentan pocos intercambios. ¿Qué habría pasado si hubiésemos salido de la estación? A lo mejor hubiésemos sentido la multiculturalidad de Medellín y la fuerza con que nos excluimos por pertenecer a zonas que siguen estando delimitadas por quiebres topográficos y por los territorios que definen nuestras comunas.